“La extraña odisea” de Carlos Martínez Aguirre.

“La extraña odisea. Confesiones de un filólogo clásico”. Carlos Martínez Aguirre 2013

Empiezo esta nueva sección y, tras darle unas cuantas vueltas en la cabeza de camino a casa, me he dado cuenta de que si había un libro que se merecía iniciarla (quizá sea la única entrada, ¡espero que no!) no era el libro de los chistes de Poggio Bracciolini, que lleva tres o cuatro años en mi estantería esperando a que lo lea, o el de Marshall McLuhan de La galaxia Gutenberg, sino el de Carlos. Tampoco os penséis que voy a hacer aquí la reseña del siglo, a alabarlo por ser amigo o ponerlo de vuelta y media por la misma razón (al final hay una web con cuatro reseñas mucho mejores que la mía. Hasta el resumen que da la propia editorial es mejor).

Carlos Martínez Aguirre es licenciado en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, su ciudad natal. Aunque es un buen profesor que ha llegado a aplicar con gran éxito los métodos de lengua natural en latín y griego (por ahí hay algún vídeo en el que se le ve, todo feliz, contándolo), ha estado de lectorado en Francia y tiene también algo de poesía publicado, sin duda es conocido entre los filólogos clásicos por un gran artículo de opinión, germen de este libro: La gran estafa de la Filología Clásica.

La extraña odisea. Confesiones de un filólogo clásico podría considerarse una especie de diario, anuario o “vitario” en el que el autor expone por orden cronológico sus experiencias y sensaciones, en este caso, a toda su vida como filólogo clásico: la etapa de educación obligatoria, el descubrimiento del mundo clásico, el paso por la universidad, el choque con la realidad del recién licenciado y el reciclaje hacia lo que me atrevería a llamar “ser un filólogo clásico de verdad“. A grandes rasgos, éste sería el orden temporal del libro.

El libro, autoeditado por cierto (¿quién, de las editoriales habituales de clásicos, va a querer editar algo que tira por tierra las bases docentes o metodológicas, más bien, de la mayoría de los departamentos de Clásicas de este país?), se lee muy cómodamente. Está en un formato de octavo muy manejable, con unos márgenes adecuados y una tipografía agradable. Sólo le han metido un par de veces la pata cortándole palabras por donde no se recomienda. Los capítulos no son excesivamente largos, sino como “píldoras” de la experiencia vital del autor. Experiencias vitales que no sólo enganchan sino que, al menos en mi caso y hasta donde he vivido como filóloga clásica, te hacen sentirte plenamente identificado con las palabras y vivencias de Carlos. Salvando las distancias, obviamente: cambios de planes de estudio, cada uno tiene su mentalidad y sus metas…  No da fechas concretas, pero supongo que acabó la carrera en la primera mitad de los noventa. Y lo más triste de su experiencia de acabar y sentir que sabes menos que cuando empezaste (“¡Si alguna vez supe algo de latín o de griego, durante la universidad lo he desaprendido!” me digo muchas veces) y que más que un título en filología clásica deberían dártelo en “abanicado con diccionario, especialidad retraducir textos ya traducidos”. Lo más triste, digo, es que esa sensación que él describe es la que hemos tenido muchos al acabar la carrera años después.  Que esto sea así, que yo comparta una experiencia y opinión similar con una persona a la que no he conocido físicamente hasta hace un par de meses y que cuando estaba en la universidad ni siquiera había leído su nombre por internet, no debe llevarnos a otra cosa más que a la reflexión sobre qué pasa, no tanto con los estudios de Filología Clásica en este país (que entraríamos en el manido tema de las rentabilidades y todo eso con lo que nos agobian los diferentes gobiernos), sino con su metodología y docencia.

Son muchas las voces que en los últimos años (y con últimos años quiero decir seis o siete, que es cuando yo he empezado a estar un poco al loro también) se han alzado para criticar esta situación de desastre pedagógico y doctrinal en la Filología Clásica, principalmente en la enseñanza de las lenguas (no tanto en literatura u otros temas importantes en esta filología). Pero no sólo eso, sino que se han buscado soluciones y se han propuesto y se han llevado a cabo, modificándolas y mejorándolas, para demostrar que hay otras vías menos “dolorosas” para aprender y, sobre todo, disfrutar, las lenguas clásicas. El libro de Carlos va mucho más allá, puesto que se para a ver qué es lo que él, como “paciente” de todos los métodos, ha fallado, cuál ha sido su culpa, y cuál ha sido el fallo del sistema. Y luego, corregirlo. Y todo esto lo ha plasmado estupendamente en su libro. Obviamente no es un manual, que quede claro. Los distintos métodos que ha probado el autor con más o menos éxito en él no van a funcionar igual en todas las personas que se planteen las mismas dudas. Pero ya nos da una pista de qué es lo que no funciona y de cómo se podría remediar. Y no sólo eso, el lector, especialmente si es un filólogo clásico recién salido al mundo, perdido y desorientado, lo mejor que encuentra en este libro son palabras de aliento, de “sí, se puede”, encuentra al menos una pauta para saber por dónde tirar, qué o dónde buscar.

En fin. Yo recomendaría esta lectura no sólo a todos los filólogos clásicos en cuyas manos caiga este libro, sino también a quien tenga un poco de amor por estas lenguas y quiera entender de qué se quejan muchos colegas. Supongo que a alguno también le dará para aquello de: “esto prueba que no sirven para nada y están completamente desfasadas. Que las quiten”. No se tarda nada en leer y aunque el comienzo pueda ser agridulce al final se ve la luz. No puedo sino dar las gracias de nuevo a Carlos por atreverse a publicar estas reflexiones y darnos una pequeña guía para no convertirnos en los filólogos taciturnos que se conforman y consuelan con repetir los textos y las lecciones que les dieron a ellos.

Caseta de "Librería Áurea", de izq. a dcha. Carlos (autor), Carmen (autora de este blog), Leticia

Caseta de “Librería Áurea”, Feria del Libro de Madrid 2013. De izq. a dcha.: Carlos (autor del libro), Carmen y Leticia

La extraña odisea. Confesiones de un filólogo clásico. (web del libro, con vídeo promocional y reseñas)

Carlos Martínez Aguirre

Círculo Rojo editorial, 2013

978-84-9030-963-6

Para comprar en formato físico: Librería Áurea (10€). También está disponible en formato electrónico (2,99€).

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